Unas ideas sobre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

A 42 años del asesinato de Pedro Joaquín, su figura se agiganta, porque cada vez tomamos más conciencia de lo especial que era. Tenía un talante extraordinario. La palabra “talante” no me gusta, pero es perfecta para describir a Pedro, porque incluye todas sus principales características socio-biológicas-políticas y sociales. Su talante es su temple, el cual gira alrededor de su ética, su ética de trabajo, periodística y política. Al compararlo con la fauna bestializada y sus cómplices, que nos tiranizan, Pedro brilla más.

Él no se alquiló ni se vendió a nadie. Con sus anuncios, grandes empresarios trataron de definir el contenido de La Prensa, pero Pedro Joaquín los mandó al carajo, igual a los políticos o politiqueros, incluso a los de su partido familiar, el Partido Conservador.

Era indoblegable y de una sola cara. Sus editoriales eran directos, honestos, poderosos, denunciando a la dictadura. Fue consecuente y persistente hasta que lo mandaron a matar.

Poco después de asumir la dirección de La Prensa incorporó a los obreros y los pobres como noticia y como fuente, ante el escándalo de la oligarquía. También reivindicó a Sandino. Y contribuyó a organizar un grupo político heterogéneo, Unión Democrática de Liberación (UDEL), integrado por diversas corrientes políticas e ideológicas, incluyendo al Partido Socialista Nicaragüense. Fue un gran amigo de Domingo Sánchez (Chagüitillo).

El periodista e historiador Gregorio Selser, ante la solicitud de prologar un libro sobre Pedro Joaquín, no se negó, pero lo escribió a regañadientes, porque desconfiaba de alguien que era burgués. Después supo más de su rectílínea existencia luchadora, se sorprendió de sus críticas a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y tras su muerte escribió un sentido obituario y lo comparó con los mejores hijos de Nicaragua, en particular con Benjamín Zeledón y Sandino.

Pedro Joaquín tomó rápida conciencia de que el enemigo principal inmediato era la dictadura somocista y que había que deshacerse de ella para poder iniciar la construcción de la democracia.

Cuatro décadas después, estamos casi en las mismas, urge poner fin a la dictadura orteguista para construir un régimen de justicia, libertad, institucionalidad, democracia y respeto a los derechos humanos. Hay que aprender las elecciones que enseña Pedro Joaquín, para fortalecer la resistencia pacífica de la ciudadanía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *